Nunca pensé que una noche destinada a la diplomacia y las apariencias pudiera transformarse en el escenario de un peligroso juego con fuego. Pero ahí estaba, atrapada entre cristaleras gigantes que reflejaban la opulencia de la mansión, con el corazón latiendo con una fuerza que apenas podía controlar.
La reunión había sido una coreografía perfecta: sonrisas falsas, palabras medidas, brindis que sabían más a promesas rotas que a alianzas sinceras. Las familias rivales de Alessio y las mías, sen