Sentada en la penumbra de mi habitación, la imagen de Enzo apareció clara en mi mente, como si el tiempo no hubiera hecho mella en su rostro curtido por la vida y la lealtad. Él había sido el hombre de confianza de mi padre, su sombra silenciosa y su espada en las sombras, hasta que la muerte se lo llevó todo y lo obligó a retirarse, dejando atrás un silencio que parecía un pacto no escrito.
Había algo en Enzo que no podía dejar pasar. Si alguien conocía las verdades ocultas detrás de la fachad