Esa noche no fue una noche cualquiera.
Fue una ruptura silenciosa.
No hubo gritos, no hubo lágrimas desbordadas, no hubo escenas que marcaran un antes y un después de forma evidente. Pero algo dentro de Esmeralda dejó de ser lo que era. Y ese cambio, aunque invisible para los demás, era irreversible.
El silencio de su habitación ya no era refugio.
Era confrontación.
Caminaba de un lado a otro, descalza, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros, sin siquiera notar el paso del tiempo. Su m