La mañana siguiente amaneció gris sobre Aurelia.
Después de una noche casi en vela revisando contratos, auditorías y reportes financieros del Consorcio Villarreal, Esmeralda decidió cumplir la promesa que le había hecho a su abuelo.
Buscaría una nueva casa.
No porque quisiera abandonar sus raíces.
Sino porque, después del ataque de Ricardo y las amenazas de su tío, comenzaba a entender que su vida humilde ya no era segura.
Aun así, necesitaba hacerlo a su manera.
Sin escoltas.
Sin fotógrafos.
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