El cambio en Esmeralda no fue evidente para todos.
Pero para quien sabía mirar… era imposible ignorarlo.
Ya no caminaba reaccionando.
Caminaba entendiendo.
Esa mañana, al cruzar nuevamente los pasillos de la universidad, no sintió el peso de las miradas como el día anterior. No porque hubieran desaparecido, sino porque habían dejado de tener control sobre ella. Ahora las analizaba. Detectaba quién susurraba por inseguridad, quién por morbo y quién por interés real.
Y ese último grupo… era el im