La tarde había caído sobre Aurelia con un cielo cubierto de nubes grises cuando la camioneta blindada avanzó lentamente por la avenida principal que conducía a la residencia Villarreal. Después de horas de despidos, amenazas legales y cuentas congeladas, el cuerpo de Esmeralda comenzaba a resentir el desgaste emocional de los últimos días.
Pero su mente seguía despierta.
Demasiado despierta.
Mientras observaba la ciudad por la ventana, todavía podía escuchar la voz venenosa de su tío amenazándo