El pasillo de la unidad de cuidados intensivos estaba frío, saturado por el olor a antiséptico y la luz blanca y dura. Dimitrix caminaba de un lado a otro; su impecable traje ahora parecía una jaula. Cada paso resonaba con su desesperación, el miedo a perder a la única persona que realmente le importaba.
Isabella estaba sentada en una de las sillas de plástico, el rostro hundido entre las manos. Su propio luto por su madre aún era reciente, y el temor por la abuela la había sumido en un agotami