Isabella subió a la habitación, el eco de la conversación de la cena resonando en su mente. Una fiesta de bienvenida. Un escenario aún más colosal para su mentira. Se quitó la ropa, se puso su toalla y entró al baño. El vapor abrasador no logró disipar la ansiedad que sentía.
Al salir, se acercó a la ventana panorámica. Se quedó allí, observando la vasta extensión de la ciudad de noche. Los miles de luces distantes parecían indiferentes a la farsa que se desarrollaba en la mansión. Era su primer