La cena había terminado. Los restos del pavo en salsa de almendras y el eco de las órdenes de viaje de Dimitrix flotaban en el ambiente. Mientras Isabella, con el ceño fruncido, recogía metódicamente los platos en la cocina, Dimitrix se dirigió a la sala principal. Se sirvió una copa de vino tinto, el líquido oscuro reflejando la penumbra de la noche, y se quedó de pie frente a los ventanales, observando su reflejo. Su postura era la de un hombre en control, pero su mente estaba en la logística