El sonido del motor de un coche de alta gama rompió el silencio contenido de la casa. Dimitrix entró, cerrando la puerta con la confianza de un hombre que regresa a su propiedad. En el vestíbulo, vio a su abuela sentada en el sofá, leyendo una revista, y a Isabella inmóvil al pie de la majestuosa escalera, su figura esbelta en el luto contrastando con el lujo del entorno.
Dimitrix se acercó primero a la anciana y le dio un beso tierno en la mejilla.
—Huele delicioso, abuela —dijo, sonriendo gen