Elio bajó de su auto con paso decidido. Llevaba el ceño fruncido y el corazón golpeándole con fuerza. Había pasado toda la mañana pensando en la frialdad de Cristina, en todo lo que había hecho mal. Aquella mañana había decidido enfrentarlo todo: su pasado, sus errores… y a ella.
Entró al edificio de la empresa Bianchi con paso firme. Todos los empleados lo miraron con respeto, algunos con curiosidad. Era imposible no reconocerlo: Elio Caruso imponía presencia con solo cruzar la puerta. Pero es