Cristina aún permanecía sentada en la cafetería.
El murmullo de las conversaciones ajenas y el suave aroma del café tostado parecían envolverla en una burbuja. Sostenía la taza entre sus manos, absorta, pensando en todo lo que había dicho a Jessica minutos antes. Su mente era un torbellino. Elio, Laura, Rubén... Todo se cruzaba en su cabeza como piezas desordenadas que no encajaban.
—Buenos días —dijo una voz grave detrás de ella.
El sonido la tomó por sorpresa. Cristina se atragantó con un sor