Cristina se levantó lentamente de su asiento. Su rostro reflejaba una mezcla de enojo y tristeza, pero su voz salió firme, casi fría, como si hubiera tomado una decisión que no estaba dispuesta a cambiar.
—Yo no vine contigo, Elio —dijo mirándolo con firmeza—. Así que puedes irte. Yo me iré con Jessica.
Elio la observó sin poder creer lo que oía. Sus labios se entreabrieron, pero ninguna palabra salió de su boca. Su mirada seguía cada movimiento de Cristina, intentando descifrarla, detenerla, e