Elio caminó con paso firme hacia Laura.
El aire parecía denso, pesado, casi cortante.
Ella lo esperaba frente al portón del colegio, con los brazos cruzados y el orgullo levantado, fingiendo calma, aunque en el fondo ardía de rabia.
Cuando Elio se detuvo frente a ella, su voz sonó seca, contenida:
—¿Por qué hiciste esto, Laura?
Laura levantó una ceja; su expresión era una mezcla de dolor y desafío.
—¿Y qué esperabas, Elio? ¿Que me quedará encerrada en el apartamento mientras tú haces planes con