Elio estaba sentado en la sala principal de la mansión Carruso. El ambiente se sentía pesado, como si las paredes mismas cargaran con los secretos de la familia. La tarde apenas se filtraba por los ventanales, iluminando los retratos antiguos de los Carruso que colgaban sobre las paredes de mármol.
Frente a él, sus padres lo observaban con rostros tensos. Roxana, siempre impecable, cruzó las piernas y lo miró con ese gesto altivo que nunca perdía, incluso en los momentos más incómodos.
—¿De ver