– Sombras y relevos
El silencio que quedó en la mansión tras la partida de Roxana era denso, casi tangible. Oscar y Elio permanecían en la sala, rodeados por el lujo que ahora parecía un escenario vacío. Oscar, sentado con una calma que rozaba lo gélido, sorbió lo que quedaba de su café, mientras Elio caminaba de un lado a otro, procesando la velocidad con la que su mundo se había fracturado.
—La dejaré en la calle, Elio —sentenció Oscar, rompiendo el silencio. Su voz no tenía rastro de duda—.