Capítulo 51

La tarde caía lentamente sobre la mansión Carruso. El sol teñía de dorado las cortinas antiguas de la habitación y el aire olía a recuerdos.

Cristina permanecía de pie junto a la ventana, con la mirada perdida en los jardines.

Sus manos temblaban apenas, y el silencio se le hacía insoportable.

Jessica, que la observaba desde el sillón, se acercó despacio. Puso una mano en su hombro y, con voz baja, le susurró al oído:

—Cris, ¿estás bien?

Cristina giró apenas el rostro. Sus ojos, enrojecidos, re
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