– El peso del último adiós
El motor del auto de Elio se apagó frente a la residencia de los padres de Cristina, pero él permaneció sentado frente al volante durante varios minutos. El silencio del habitáculo era pesado, cargado con el aroma del cuero y el remordimiento. Miró su reflejo en el retrovisor; las ojeras de la noche anterior aún marcaban su rostro, pero sus ojos, por primera vez en años, tenían un brillo de determinación. Iba a despedirse. No solo de una casa o de una mujer, sino de