Epílogo
El amanecer de los justos
El invierno en Manhattan era implacable, pero dentro del ático de los Caruso, el calor del hogar contaba una historia diferente. Elio permanecía de pie frente al ventanal, observando las luces de la ciudad que nunca duerme. Ya no era aquel hombre impulsivo que buscaba validación a través de la violencia; el peso de la paternidad y la responsabilidad empresarial habían esculpido en él una madurez serena.
La puerta del despacho se abrió con un roce suave. Su pad