– El perdón antes de la tormenta
La Catedral de San Judas lucía imponente bajo el sol de la tarde. El aroma del incienso y las miles de orquídeas blancas que decoraban el atrio se mezclaban con el murmullo expectante de los invitados de la alta sociedad. Rubén, impecable en su uniforme militar de gala, con las medallas brillando sobre su pecho y los guantes blancos sujetos en su mano izquierda, permanecía en la escalinata principal. Su mirada, sin embargo, no era la de un soldado en guardia, si