Miró alrededor de la habitación, buscando inspiración, y entonces, como un relámpago en medio de una tormenta, una idea cruzó su mente. Una idea perversa, brillante y definitiva.
Sus ojos brillaron con malicia. Si Cristina necesitaba una prueba para renunciar a él, ella se la daría. Una prueba irrefutable. Una prueba que destrozaría cualquier rastro de esperanza que pudiera quedar en el corazón de la "señora Caruso".
—Vamos a hacer una película, mi amor —murmuró Clara con una risita nerviosa.
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