– La puesta en escena
El silencio sepulcral que reinaba en el vestíbulo de la mansión Colmenares se vio interrumpido por el sonido de pasos apresurados y voces bajas. Clara, con una eficiencia fría y desprovista de cualquier emoción genuina de preocupación, había convocado a dos de los empleados de confianza de la familia, hombres robustos acostumbrados a obedecer sin hacer preguntas.
—Con cuidado —ordenó Clara, señalando el cuerpo inerte de Rubén, que yacía desparramado sobre la alfombra pers