– Ahogando el dolor
El rugido de las turbinas de la avioneta privada era lo único que lograba silenciar, aunque fuera parcialmente, el caos que retumbaba en la mente de Rubén.
Miraba por la ventanilla, observando cómo las nubes se deshacían bajo el ala metálica, pero lo que realmente veía eran los ojos de Cristina. Rojos. Hinchados. Llenos de un terror que él no lograba descifrar.
"No hay ninguna futura esposa", le había dicho él antes de salir. "Tú tienes tu mundo y yo tengo el mío", le había