86. Una decisión al borde de la desesperación
La lancha motora seguía surcando las oscuras aguas de los canales de Venecia. El frío rocío salpicaba el rostro de Bianca, que aún permanecía tenso. Kenzo conducía la embarcación a máxima velocidad hacia el aeropuerto remoto de las afueras.
—La señal se ha perdido por completo, señor —informó Kenzo con voz monótona. El asistente seguía pulsando la pantalla de la tablet de navegación sin éxito.
Daniel apretó la mandíbula. Las venas de su cuello se marcaron con claridad.
—Están usando un inhibido