87. Amanecer de acero y hielo
El aire nocturno de la base aérea secreta en la Patagonia era tan frío que calaba hasta los huesos. El fuerte viento agitaba el cabello castaño de Bianca, pulcramente recogido. Estaba de pie junto a la amplia pista de aterrizaje. Sus ojos contemplaban con asombro la hilera de cazas furtivos y gigantescos aviones de carga del Imperio de las Sombras. El ambiente de aquella noche era sumamente tenso. Las tropas de élite corrían de un lado a otro preparando su armamento.
—Esto parece la víspera de