90. El Arquitecto tras las sombras
La voz del hombre del traje blanco resonó en la sala de bombas de agua. Su sonrisa era sumamente amable, pero su mirada era tan fría como los bloques de hielo del exterior. El corazón de Bianca latía a tal velocidad que sentía un dolor punzante en el pecho. Todo su cuerpo empapado se congeló al instante.
—Nunca podríais haberos infiltrado en este lugar, Bianca —continuó el hombre con un tono de voz como si estuviera saludando a un invitado en una merienda—. Nuestros sistemas de seguridad están