89. Una incursión silenciosa
La voz de Kenzo por la radio sonaba sumamente apremiante.
—El enemigo está a doscientos metros, señor. Necesitamos una salida.
Daniel miraba la pantalla del monitor con la mandíbula apretada. Los músculos de su rostro se contraían, conteniendo la ira.
—Mantén tu posición, Kenzo —ordenó Daniel—. No disparen hasta que estén en el punto ciego.
Bianca dio un paso adelante y se acercó a su marido.
—Tenemos que usar el Plan B ahora mismo.
Daniel se giró al instante con una mirada fulminante.
—No. Es