106. Las lágrimas del diablo
La puerta de la sala de descanso se abrió lentamente. Daniel entró con paso rígido. El médico de la familia Hartwell se había marchado hacía unos minutos. Un silencio absoluto envolvía la habitación. Bianca estaba sentada, apoyada en el cabecero de la cama. Miraba el rostro de su marido fijamente. El rostro de Daniel estaba pálido como un fantasma. Los ojos negros del hombre estaban muy abiertos, con la mirada perdida, como si acabara de presenciar un milagro.
—Daniel —lo llamó Bianca en voz ba