103. Una advertencia sangrienta
Los diez segundos transcurrieron con una lentitud desesperante. El corazón de Bianca latía desbocado, golpeando con fuerza contra sus costillas. El agarre de Leon en su cabello resultaba sumamente doloroso. El cañón de la pistola plateada seguía presionado con firmeza contra su frente. El frío del metal le calaba hasta los huesos. Las náuseas en el estómago de Bianca volvieron a arremolinarse con violencia, provocándole un fuerte mareo.
—Uno —contó Leon con una voz inmensamente letal. El hombre