Capítulo 128. Cicatrices de guerra.
La camioneta blindada frenó con brusquedad bajo el techo de la entrada de emergencias. Antes de que las ruedas dejaran de girar, las puertas traseras se abrieron de golpe.
El cambio fue violento. Pasaron de la oscuridad fría y lluviosa de la noche a la claridad cegadora de las luces blancas del hospital.
El aire olía a limpio, a alcohol y a metal, un contraste mareante con el olor a tierra mojada y pólvora que traían pegado en la ropa.
Entraron a la sala de emergencias rápido, como un torbelli