Capítulo 127. Verdades a media luz.
El interior de la camioneta blindada estaba sumido en una penumbra azulada, rota solo por la luz de lectura que el paramédico había encendido para evaluar el daño. El olor a antiséptico y sangre llenaba el aire, denso y metálico.
Ares estaba recostado contra el asiento de cuero, con la camisa rasgada y el brazo izquierdo extendido.
Tenía los ojos cerrados y la mandíbula apretada, brillando de sudor, mientras el médico presionaba una gasa estéril sobre el agujero irregular que la bala había dej