Capítulo 74. El secuestro digital.
El sol de la Toscana no caía, se derramaba. Era una luz espesa, dorada y perezosa que bañaba las colinas ondulantes de Val d'Orcia, convirtiendo los viñedos en filas infinitas de verde y los cipreses en agujas oscuras que cosían la tierra con el cielo.
Un coche descapotable de época, un Alfa Romeo Spider rojo, alquilado por insistencia de Silas, que tenía debilidad por la ingeniería clásica, subía por el camino de grava levantando una nube de polvo fino.
Al volante, Silas Hawk conducía con una