Se escuchó el rechinar de las llantas de un coche de lujo que entraba al estacionamiento privado del CEO de la compañía Darkok. El hombre bajó y subió al elevador que era exclusivo para él, hasta llegar al veinteavo piso, en dónde se encontraba su oficina.
Dimitrir Darkok enarcaba una ceja al ver a su rival muy cómodo sentado en el sofá de su amplia y lujosa oficina mientras bebía una taza de café. Al parecer su asistente había sido demasiado amable con el indeseable visitante.
— Ya está