El CEO ruso se quedó jadeando y rabiando por no haberle dado más puñetazos a ese descarado amante que se le aparecía en la oficina. Su cincelado rostro estaba algo magullado, sangraba del labio superior, tenía un golpe en la ceja derecha y otra en el ojo izquierdo que no demoraría en ponérsele verde.
— !Que hijo de puta más cínico! Mira que venir a gritarme que mi esposa es suya ahora, ¿Acaso piensa que se va a salir con la suya?
— CEO Darkok, necesita ir a una clínica para que curen su