Viviendo en su propio infierno.
El CEO ruso pudo darse cuenta del miedo que su mujer sentía, quizás por recordar cuando ese psicópata se la llevó sin importarle separarla de su pequeño bebé recién nacido, y sin importarle su delicada cirugía tan reciente.
— Cariño, no temas, estoy aquí, jamás permitiría que este demente te haga daño de nuevo.
— ¿Me temes, Angelic? Puede que no sea el mejor hombre, pero... Me molestó tanto que te olvidaras quien te recogió de la acera desmayada y te llevó al hospital, que gracias a mi n