Lucano no está fuera de peligro.
El sonido de las máquinas que estaban cerca de su hijo, verlos inconsciente y con su rostro ensangrentado y amoratado, casi vuelve loco al CEO, si la personas supieran la dedicación que había puesto para cuidar y criar a su hijo, tantas veces que cabeceaba por las noches mientras lo arrullaba y no quería dormir.
Doménico con mano temblorosa tomó la manito de su hijo, por lo menos estaba tibio, el niño estaba canalizado, lo estaban medicando para el dolor, y vigilaban sus signos vitales.