El pasillo del hospital se le hizo interminable.
Aurora caminaba rápido, pero no era solo prisa… era desesperación. Cada paso llevaba un miedo distinto: miedo a verlo herido, a verlo roto… o peor, a no reconocer en sus ojos al hombre que amaba.
Valentina iba a su lado, con las manos entrelazadas frente a su pecho, conteniendo la angustia como podía. No dejaba de mirar hacia la puerta al fondo, como si en cualquier momento todo pudiera empeorar. Alejandro avanzaba junto a ellas, más callado, pero