El arma seguía apuntando al pecho de Nahla. Rosaura respiraba de forma irregular, como si cada segundo que pasaba la empujara más cerca de un punto sin retorno. Sus ojos no reflejaban duda, sino una mezcla peligrosa de rabia, frustración y algo más profundo… desesperación.
—Todo esto es tu culpa —repitió Rosaura, y su voz se quebró, dejando salir una angustia que intentaba disfrazar de odio—. Tú me arrastraste hasta este punto.
Nahla se mantuvo firme, aunque cada fibra de su ser estaba en tensió