Nahla subió de vuelta a la habitación y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, como si ese simple gesto pudiera poner en orden todo lo que llevaba dentro. Se quedó apoyada unos segundos contra la madera, con los ojos cerrados, obligándose a respirar despacio, aunque su pecho no lograba seguirle el ritmo a su voluntad.
Las palabras de su madre seguían girando en su mente, una y otra vez, mezclándose con recuerdos que no sabía cómo callar. Apenas alcanzó a dar dos pasos hacia el interior