Aurora salió de la habitación con el pecho encendido, pero esta vez no era una explosión descontrolada… era algo más peligroso. Era claridad.
Avanzó por el pasillo sin mirar atrás, sintiendo todavía el ardor en la mejilla, recordando la mano de su madre, la mirada decepcionada de su padre… y, por encima de todo, la sonrisa contenida de Esmeralda.
Esa sonrisa que no pertenecía a una víctima.
—Aurora… —la voz de Valentina la alcanzó antes de que pudiera doblar la esquina.
Ella se detuvo, pero no d