La luz blanca le golpeó los ojos antes de que pudiera entender dónde estaba. No fue un despertar suave, ni progresivo. Fue brusco, incómodo, como si su cuerpo hubiese sido arrancado de un lugar profundo y arrojado de vuelta sin preparación. Julián intentó moverse, pero algo lo detuvo. Un sonido metálico acompañó el gesto.
Giró el rostro, todavía aturdido.
Unas esposas.
Tardó unos segundos en procesarlo.
—¿Qué…? —su voz salió ronca, débil—. ¿Qué es esto?
Intentó incorporarse, pero el dolor en la