Aurora estaba sentada frente a Valeria, con las manos entrelazadas sobre su regazo. No podía quedarse quieta; sus dedos se apretaban y soltaban como si intentaran contener algo que ya se desbordaba.
—Pensé que podía con todo esto —dijo, con la voz quebrada—. De verdad lo creí.
Valeria no la interrumpió. Solo la miró con atención, dejando que hablara.
—Él… hizo algo tan bonito para mí —continuó Aurora, limpiándose una lágrima—. Preparó una ceremonia, Valeria. Algo pequeño, íntimo… como si quisier