—Está bien. Me iré. Pero cuando llegue el día en que descubras lo que realmente pasó, espero que no sea tarde. Porque ese día vas a arrepentirte. Mucho.
Alejandro soltó una carcajada dura, carente de toda alegría.
—¿Arrepentirme? Jamás. Yo nunca me arrodillo ante una traidora.
Valentina sintió las lágrimas abrasarle las mejillas otra vez.
—No soy una traidora. Soy la mujer, que se casó contigo aun sabiendo que solo me querías como sustituta.
Alejandro señaló la salida, implacable.
—Fuera. Ahor