El avión privado ya los espera. Kevin avanza sin mirar atrás, del mismo modo que Leah. Ninguno dice una palabra más. Él toma asiento, abre su laptop y comienza a revisar documentos con aparente calma.
La luz entra con fuerza por la ventanilla, bañando su rostro. Los ojos de Kevin recorren las cifras y gráficos en la pantalla, pero su mente no logra concentrarse. En lugar de hundirse en los números, se pierde en el mar de recuerdos turbulentos de la noche anterior.
La imagen de Leah reaparece