Cuando Kevin abre los ojos, lo primero que ve es el techo de la cabaña. Segundos después, el calor del recuerdo lo sacude: el cuerpo desnudo de Leah bajo el suyo, su respiración entrecortada, los gemidos de su esposa resonando en su mente como un eco ardiente.
—Maldición, Kevin… —gruñe entre dientes mientras se incorpora, buscando a Leah con la mirada. La cama está vacía.
Levanta la manta y la imagen lo golpea: sobre la sábana blanca, rastros de su amor mezclados con sangre virginal. Los