Una pequeña granja.

La noche había caído sin anuncios.

No hubo tormenta ni relámpagos, solo un cielo oscuro y espeso que parecía observarlos desde arriba. Leah permanecía sentada junto a la ventana, Emily dormía contra su pecho, su respiración era tan leve que parecía parte del aire.

Kevin estaba en la habitación contigua revisando informes.

Pero Leah ya no escuchaba las voces lejanas de estrategas ni el murmullo de dispositivos.

Solo sentía.

Y ese sentimiento no la abandonaba desde hacía días.

Brasil no era
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