UNA BOMBA

Después de una hora, Leah se había quedado dormida otra vez, el reloj marcaba las 4 de la mañana. Para Kevin, La madrugada siempre había sido su aliada.

El era un hombre que vivía cómodo en el silencio de esas horas en las que el mundo parecía detenerse, cuando ni las ciudades más ambiciosas se atrevían a respirar con fuerza. Valencia dormía. El mar, a lo lejos, murmuraba con una calma engañosa. Leah descansaba a su lado, profundamente dormida, ajena a todo.

El teléfono vibró.

No sonó.

Vibró.

E
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Angelica Sepulvedalo sabìa esa vieja no estaba muerta estaba de parranda se a de haber largado con otro pelado y ya se cansoʻ y como sintioʻ pasos en la azotea por Leah ya se le antojoʻ regresar mugre vieja igual que la hermana puro mugrero haciendose la muerta hahaha
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