La madrugada en Valencia tenía un silencio distinto. No era un silencio vacío, sino uno cargado de respiraciones lentas, de pensamientos que no dormían, de verdades que aún no se atrevían a pronunciarse. Afuera, la ciudad reposaba bajo una luna pálida, y adentro, en la habitación apenas iluminada por la luz que se filtraba entre las cortinas, Leah dormía profundamente.
Kevin no.
Estaba de costado, frente a ella, observando la serenidad de su rostro. Leah dormía con esa paz que solo existe cua