La tarde caía lentamente sobre la ciudad cuando Kevin marcó el número de Verónica. Su voz salió firme, afilada, sin una sola grieta, como si cada sílaba estuviera tallada en hielo.
— ¡Kevin! — Expuso ella con emoción am responder la llamada.
—Te espero en la Mansión Hill.
No hubo explicaciones. No hubo lugar para preguntas.
La llamada terminó antes de que Verónica pudiera responder.
Y eso, curiosamente, fue lo que la hizo sonreír.
Verónica siempre encontraba victorias donde los demás sol