El sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos fue lo único que interrumpió el silencio.
Kevin avanzó primero, con pasos firmes, su sombra proyectándose larga sobre la alfombra gris de su oficina. El aire estaba denso, casi sofocante. Leah lo siguió con pasos vacilantes, sin atreverse a levantar la vista. Sentía aún el pulso acelerado en su garganta, el peso del dolor en la mejilla, y la vergüenza de haber sido vista tan vulnerable.
Kevin se detuvo frente a su escritorio y apoyó las manos en